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Encuentro con el Dr. Quantum

Encuentro con el Dr. Quantum

En agosto pasado estuvo de visita en Chile el destacado físico Fred Alan Wolf, conocido por su participación en la película What the Bleep do we know?! El “Dr. Quantum”, como firma sus libros, vino para participar en el seminario El Poder del Pensamiento, cuyos organizadores le hablaron de mi trabajo sobre la Biofotónica, la Salud Natural, la Física Cuántica y la Moral, lo cual llamó su atención y quiso conocerme. Para mi este gesto suyo fue muy especial, debido a que por lo general los “científicos” no suelen interesarse en abrir su mente a nuevos enfoques y se muestran muy reacios a dialogar de igual a igual con un investigador que no forma parte de su círculo. No obstante, claro está, el Dr. Wolf no es un científico común y corriente, por lo cual congeniamos bastante bien. En el caso de él, que ha investigado la Física Cuántica gran parte de su vida y ha encontrado desde esta disciplina sentido en ciertos conocimientos antiguos y en la filosofía, se podría aplicar aquel dicho que sostiene “un poco de ciencia hace a un sujeto inteligente, pero una ciencia profunda lo hace humilde”. Me pareció que era un hombre alegre, con la sana curiosidad de un niño, algo que es muy indicador de la rectitud de intensión  de quien desee indagar en los misterios de la vida.

Tuvimos una intensa conversación y el doctor tuvo un especial interés en comprender el concepto de Moral basada en las leyes naturales que he formulado en mi obra y ha dado origen a una nueva disciplina científica, reconocida por las academias rusas. Resulta interesante comprobar cómo ciertos conceptos que son posibles de demostrar con experiencias de laboratorio pueden ser, al mismo tiempo, difíciles de explicar, especialmente de un idioma a otro. Tuvimos que hacer un esfuerzo desde el punto de vista de la semántica de ciertas palabras, para hablar sobre la moralidad en términos de que algo puede ser negativo o positivo, según sea armónico o desarmónico con las leyes de la naturaleza. Fue muy interesante su argumentación. Sostenía, básicamente, que no es posible establecer un parámetro objetivo al respecto, dado que el observador siempre influirá en el fenómeno que estudia, lo cual por cierto, es correcto. De hecho, en este punto se basa uno de los principales postulados de mi obra, la necesidad de alcanzar un elevado nivel de conciencia en el cual se experimenta la realidad sin que nuestro yo interfiera, un grado de conciencia que permite la impersonalidad, el cual si es posible. Así se lo expliqué al Dr. Wolf, quien se interesó mucho y manifestó su deseo de profundizar en este enfoque con la lectura de mi libro Moral para el Siglo XXI.

En lo personal, como cineasta, resultó muy atractivo lo que compartió conmigo de su experiencia en la realización de What the Bleep... y estuvo plenamente de acuerdo en que, si bien en términos generales es una obra notable, ciertas ideas o experiencias que ahí se exponen no son rigurosamente científicas, como el mencionado experimento de los cristales de agua conciente, y otras corresponden a exageraciones o deseos inconcientes, como aquellas donde se afirma que basta con una actitud mental positiva y la buena intención para alcanzar grados profundos de espiritualidad, al nivel de un Buda. Comentó al respecto que, tratándose de una película cuyo objetivo era cautivar a las grandes audiencias y hacerlas receptivas a ideas innovadoras, fue necesario incorporar esos elementos en función del marketing. Es comprensible, pero también, a mi modo de ver, es importante definir si vale la pena correr el riesgo que ello implica. Esto, claro está, puede ser tema para abordarlo con calma en otra oportunidad.

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